domingo, 3 de mayo de 2009

Conclusión.

La epidemia de influenza que afectó al país en esta temporada de Primavera nos ha dejado una experiencia digna de analizar. También, nos deja un doloroso saldo de fallecimientos y un cuestionamiento sobre la eficiencia de nuestros instrumentos de prevención de enfermedades.
Desde mi punto de vista, es claro que la reacción a la emergencia sanitaria de nuestras autoridades fue tardia, y sobre todo, movida más por el pánico, que por un conocimiento real de la amenaza. Dado que ya se habían presentado con anterioridad casos y fallecimientos con influenza porcina desde al menos dos semanas antes de que se diera la alarma sanitaria, las diversas autoridades involucradas debieron, al momento de alertar a la población sobre el problema, dar una información precisa y concreta sobre el virus que se enfrentaba y los medicamentos para combatirlo. Estoy convencido de que si hubieran tenido esa información, la alarma y quizá la cancelación de clases, no hubiera sido necesaria.
En el primer comunicado, ni siquiera, se informa que se trataba de una Influenza porcina, y sólo se habla de influenza genérica:
“El virus de la influenza constituye una epidemia respiratoria hasta ahora controlada, cuyos síntomas son: fiebre superior a 39 grados. . ."
también queda evidente que no tenían los medicamentos adecuados en los hospitales, ni sabían cuáles eran los efectivos para enfrentar al virus
“Dotar a las unidades de salud con antivirales, antibióticos y material suficiente para disminuir el riesgo de contagio y comunicar. . ."
El 24 en la mañana, ya publicabamos en este blog: "Hay un brote influenza porcina en México, al parecer de tipo H1N1.", y más adelante dábamos con el antiviral: "El tipo de influeza A (H1N1) que tuvieron los enfermos en Estados Unidos es resitente a la amantadina y a la rimantadina, pero no al Tamiflu o Relenza." Aunque, aclarábamos lo que todos los especialistas han repetido recientemente: "Sin embargo, el virus podría volverse resistente al Tamiflu, . . ." Todo esto partió de una investigación de menos de 12 horas, contando horas de sueño, hechas por una persona sin conocimiento de la materia.
Por ello, me resulta sorprendente que las autoridades no hayan dado toda esa información desde el primer instante en que se dió la alarma, dado que ellos tenían conocimiento del problema desde semanas antes.
Inclusive debieron poner con antelación sobre aviso a todos los hospitales del sector salud de la existencia de este virus y de los medicamentos adecuados para tratarlos, y facilitarlos en caso que los hospitales no los tuvieran. Si esto se hubiera hecho, creo que se hubieran salvado vidas, y quizá la alerta a la población hubiera sido más equilibrada, y las medidas aplicadas menos drásticas.
Pero, a pesar de los yerros y omisiones de las autoridades para enfrentar la emergencia en un principio, hay cuestiones positivas que rescatar en este balance:
-nuestra red de hospitales funcionó en lo general bien para enfrentar la emergencia, y sacó a flote la complicada situación
-nuestro personal médico y de enfermería mostró su preparación y se desempeñó acorde a la circunstancia
-la ciudadanía aplicó mayoritariamente las medidas de prevensión, principalemente en los momentos más álgidos de la epidemia
-se hizo un énfasis en la importancia de la higiene para prevenir la propagación del virus

Considero que esta emergencia sanitaria, nos debe hacer reflexionar sobre el lugar prioritario que debe ocupar la salud en nuestros asuntos públicos. No sólo debemos tener laboratorios y equipo de punta para atender contingencias y para analizar nuevos virus y bacterias, sino también debemos tener hospitales no sólo bien equipados, sino también con medicamentos suficientes. Todo esto no se logrará, si no hay una inversión mayor y mejor en salud.

Con esto concluímos nuestro blog, que esperamos no tener que abrirlo nunca más, y que la próxima temporada de influenza estemos mejor preparados para enfrentarla, no sólo con medicamentos, sino también con una vacunación más amplia.

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